1 de agosto de 2026
Bienvenido a BWN Estudio
BWN Estudio nace para juntar en un solo lugar las cosas en las que ando metido: la fotografía y las palabras. Aquí no hay una fórmula fija — a veces va a ser un texto largo, a veces una frase suelta, a veces una reflexión corta que no da para más.
La idea es nuclear todo eso — como también lo hago con mis cuentas de Instagram — en un solo espacio que puedas seguir de principio a fin: el portfolio de fotografía, el vlog, la bitácora, y este blog como el lugar donde suelto texto.
Gracias por pasar por aquí.
¿Te aviso cuando haya algo nuevo? Un correo los viernes con lo que se sumó esa semana. Si no hay nada, no sale.
9 de septiembre de 2026
El tiempo cuando deja de ser urgencia
Breves incomodidades necesarias
Durante gran parte de la vida el tiempo se vive como una carrera.
No porque alguien te obligue, sino porque uno acepta correr.
Acepta plazos que no revisa, objetivos que no eligió del todo, ritmos que heredó sin cuestionarlos. Porque es así, porque todos lo hacen.
Pero no siempre fue inconsciente. Muchas veces fue conveniente.
Correr daba una excusa. Mientras había urgencia, no había que preguntarse demasiado. Bastaba con llegar, cumplir, sostener. Vaya engaño. Autoengaño.
El movimiento continuo servía para no detenerse a mirar decisiones que quizá no habrían resistido una pausa.
Esa relación con el tiempo no se elige del todo, pero tampoco se puede responsabilizar a otros.
Se aprende. Se normaliza. Se perpetúa. Y eso desgasta, cansa, envejece.
Y durante años funciona, o eso creemos, porque mantiene ocupada la vida y distraída la conciencia.
Pero llega una etapa en la que esa dinámica deja de cerrar.
No porque sobren horas, sino porque la urgencia empieza a sonar hueca.
El cuerpo deja de acompañar la prisa y la cabeza, por primera vez, se atreve a hacer una pregunta incómoda:
¿para qué sigo sosteniendo esto?
Y la respuesta a esa pregunta duele.
Porque muchas veces soltar, dejar de sostener, implica aceptar.
Aceptar que lo que queda, una vez que sueltas, no siempre es lo que deseas.
Porque cuando la urgencia baja, ya no queda el ruido que tapaba ciertas evidencias.
Aparece el cansancio real.
Aparece la certeza de que no todo lo sostenido valía el esfuerzo.
Aparece la duda de si algunas elecciones fueron convicción… o simple inercia bien justificada.
A muchos les resulta más fácil llamar a esto "falta de energía" o "pérdida de ambición".
Es más llevadero. Pero no es exacto.
Eso es evasión. Y eso solo aumenta la distancia con la realidad.
Lo que ocurre es un cambio de lente con el que mirar la realidad.
El tiempo deja de funcionar como anestesia y empieza a exigir presencia.
Ya no se puede dejar pasar el tiempo. Ahora hay que habitarlo.
Y habitar el tiempo implica asumir algo que no siempre gusta: no todo merece seguir ocupándolo.
Habitar el tiempo no es llenarlo de actividades nuevas.
Es reconocer cuáles estaban ahí solo para evitar el silencio.
Cuáles se sostenían por miedo a soltar.
Cuáles exigían una prisa que ya no tiene justificación.
Estar todo el día ocupado no es productivo. Nunca lo fue.
Y mucho de eso no fue necesidad, sino coartada.
Y eso ocasiona pérdidas: relaciones, amistades, presencia, disfrute, crecimiento.
Soltar no siempre libera de entrada.
A veces deja un vacío incómodo.
Pero ese vacío revela cuánto se había usado la ocupación para no mirar ciertas renuncias.
Administrar el tiempo no va de optimizarlo.
Va de asumir que seguir igual también es una decisión.
Y no siempre la más honesta.
Alinear el tiempo con la vida real implica renunciar a la excusa de la prisa.
Eso no vuelve la vida más lenta.
La vuelve menos falsa.
El tiempo, cuando deja de apretar, no consuela.
Desnuda.
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5 de septiembre de 2026
Textos para no engañarse
No escribo para enseñar a nadie cómo vivir.
Tampoco para motivar, acompañar procesos ni ofrecer atajos.
Eso ya lo hace medio mundo y casi siempre sirve para lo mismo: tranquilizar conciencias.
Escribo porque hay ideas que, si no se sacan a la luz, se transforman en coartadas.
Y porque con los años uno debería escribir con más precisión, no con más cuidado.
Aquí no hay optimismo obligatorio ni relatos de superación empaquetados.
No hay mensajes amables para cerrar el día en paz ni frases diseñadas para gustar.
Hay cosas que ya deberían estar claras.
Y cuando no lo están, conviene dejar de llamarlo confusión y empezar a llamarlo evasión.
Escribo desde ahí.
Desde el lugar en el que la edad no disculpa, compromete.
Donde ya no vale fingir que no se sabe.
Donde repetir errores deja de ser aprendizaje y empieza a ser elección consciente.
Aquí no se escribe desde la queja ni desde el cansancio.
Se escribe desde la responsabilidad de haber vivido lo suficiente como para no mentirse con facilidad.
Esto no es un espacio para justificarse.
Es un espacio para asumir lo que toca asumir, incluso cuando no queda bien decirlo.
No todo lo que incomoda es una agresión.
No todo lo que duele viene de fuera.
Y no todo lo que se pierde fue una injusticia.
A cierta altura de la vida, la honestidad deja de ser un valor admirable.
Se convierte en una obligación personal.
Estos textos no buscan aprobación ni compañía.
No buscan consenso ni aplauso.
Buscan claridad.
Y la claridad, cuando es real, no reconforta.
Hace pupa.
Si buscas leer recetas mágicas de bienestar en la edad madura, este sitio no es para ti.
Si algo de lo que aquí esté escrito te obliga a cuestionar, lo que sea, entonces quizá sea el lugar al que acudir de vez en cuando.
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29 de agosto de 2026
El personaje que interpretas hace años que sustituyó a quien eras
Puede que no te hayas dado cuenta, pero tú no eres tú. Eres un personaje. Uno que tú mismo has construido. Nadie te ha obligado.
Poco a poco fuiste accediendo a dejar tu yo verdadero escondido debajo de capas y más capas, conformando un disfraz que muestras al mundo entero. Eso te confiere una cierta invisibilidad. No cuestionas, no hay discusiones. No te opones, aunque no te guste, asientes, aunque no estés de acuerdo. Es más fácil. Más seguro. Más tranquilo.
Pero ese no eres tú.
Fuiste reemplazado.
A sabiendas. Con tu consentimiento y tu colaboración. A pesar de que sabes que te estás apagando. Consumiendo. Sin dirección propia. Sin elección. Sin objetivos personales, ni sentido.
Es más fácil y cómodo.
Pero no eres tú.
El día que te mueras enterrarán a alguien que nunca vivió.
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22 de agosto de 2026
No te falta tiempo, te falta valentía
Es común que nos escudemos en la expresión: "No tengo tiempo". Pero no por mucho repetirlo se convierte en cierto. Porque resulta que para otras cosas como redes, series, móvil y otras tantas cosas sí que hay tiempo.
No es que no haya tiempo, lo que hay es miedo. Y mucho. Miedo a comenzar algo. Algo que luego me exija más atención y más dedicación. Miedo a comenzar y exponerse, miedo a comenzar y fallar, miedo a comenzar y no estar a la altura. Miedo a dejar de tener la excusa perfecta. No tengo tiempo.
Cuantas decisiones no has tomado por "falta de tiempo". Cuantos proyectos llevas postergando por "falta de tiempo".
Quizá sea momento de evaluar cual ha sido el costo. Y juzgar si el miedo que te paraliza justifica tanta frustración. Si perder 20 o 30 años de tu vida, fue la decisión correcta. O será que tampoco te atreves a hacerte cargo de semejante responsabilidad y es por eso que sigues culpando al tiempo. Porque ese costo no está en el pasado. El costo se fue acumulando y lo has arrastrado hasta el presente. Hoy es cuando te debes preguntar si tu excusa te ha llevado a donde verdaderamente quieres estar.
Te sigues engañando a ti mismo, pero sigues creyendo que la frase "no tengo tiempo" aun te protege. Lo paradójico de esto es que el tiempo nunca aparece antes, sino una vez que decides que algo es importante y organizas tu vida en función de eso.
Cada vez que dices no "tengo tiempo", en realidad estas confesando que no te atreves.
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15 de agosto de 2026
El viaje
Este viaje tiene ciertas connotaciones especiales. Es un viaje distinto. Todos lo son. Pero este en particular creo que lo es aún más.
Si me pongo a pensar no tiene mucha cosa diferente a otros viajes. Voy a visitar a los viejos, familiares, amigos y a pasear por la Patagonia argentina y chilena. Un viaje.
Pero en mi fuero más íntimo yo sé que hay algo más. No lo sé, pero lo intuyo. Lo presiento. Y últimamente estoy muy intuitivo.
Si lo analizo desde el punto de vista de mi propia madurez ya no es un viaje de cierre. El círculo ya lo he cerrado hace tiempo. Me fui de Argentina y ya he vuelto. Más de una vez. No he vuelto a vivir, pero he vuelto. He desandado el camino que me trajo a España. Eso ya está cubierto.
No es mi primer viaje luego del divorcio. Ya he hecho el viaje solo, hace 3 años atrás. Eso no es.
Me pregunto una y otra vez qué puede tener de especial.
Me descubro pensando que quizá sea un viaje de búsqueda. Tal vez sea que deba ir a buscarme a mí. A mi versión de hace 22 años atrás. Al que dejé en La Plata. El que se ha quedado esperando a ver cómo me iba en mi nuevo hogar. Quizá sea un viaje para reencontrarme con él. Para mostrarle mi vida, mi familia, para mostrarle que vuelvo a ser yo, no el personaje. Como era él. A ver si hay diferencias sustanciales entre él y yo.
No vuelvo para que los demás vean cómo me fue. Vuelvo para mostrarle a él cómo nos fue.
Él estaba lleno de miedos, de incertidumbre, con la cabeza llena de dudas.
Yo le voy a llevar tranquilidad. Le contaré que todo está bien. Que crecimos, maduramos, nos quitamos el disfraz: el de él y el mío. Voy sin capas. Voy lo más parecido a nuestra esencia. La que él no pudo sostener y la que yo me empeñé en esconder.
Pero hoy vuelvo distinto. Sin capas. Sin disfraz. Auténtico. Como quiero ser. Maduro. Sin deudas. Tranquilo y en paz. Y él lo tenía que saber.
Por eso este viaje es tan especial.
Sí, voy a visitar a los viejos, a familiares y amigos. Voy a rodearme de afectos.
Pero fundamentalmente voy a contarme cómo estoy.
Agosto 1 de 2026, a siete meses de emprender el viaje.
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8 de agosto de 2026
Tus excusas son más antiguas que tus sueños
Llegado a un punto de la vida, descubres que has ido postergando tus sueños, año tras año. Siempre hay algo que merece más atención. Que es prioridad. Y entonces postergas.
Postergas el viaje que tanto quieres. Postergas aquel curso que te haría tan bien hacer. Postergas esa charla difícil con aquel amigo del cual te has distanciado. Postergas todo lo postergable.
¿Y con qué lo postergas? Con excusas. Sí, sí, con excusas. Porque sí, es verdad, hay cosas urgentes y prioritarias. Pero el día tiene 24 horas, la semana 7 días, el mes generalmente 30 y en el año hay 365. Es decir: si quieres, puedes. Pero no. No quieres. Pones excusa tras excusa porque es más fácil echarle la culpa a algo que hacerte cargo de lo que tienes que comenzar. Realizar tu sueño conlleva implicación. Es necesario dedicación. A veces dinero. A veces renunciar a tiempo de descanso y a veces sostener una posición a pesar de la negativa de otros. Eso lleva a un conflicto y eso es lo que no quieres enfrentar. Por eso las excusas. Son más razonables. Es lógico. Estoy ocupado, tengo que llevar, tengo que ir a buscar. Necesito tiempo en casa. Y postergas, y postergas.
Tus excusas son más antiguas que todos tus sueños.
Pesa más la responsabilidad de llevar algo que quieres adelante que posponerlo. Porque claro, corres el riesgo de que una vez puesto a ello, resulte que no era tan importante el sueño como creías, o como decías. O que quizá se te caigan las excusas y te quedes con el culo al aire.
Las excusas te ayudan a sostener parte de tu personaje. Y eso cuesta soltarlo. Entonces te aferras y pospones. Al final es más cómodo tener excusas.
Nunca fuiste tu prioridad. Tus excusas tienen canas.
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